CARTA SEXTA

Cartas de amor y desamor

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CARTA SEXTA

10 de noviembre de 2014

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Querida Margarita:
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Hoy me desperté de súbito, y temblaba como tiemblan las ramas tras ser batidas por el viento, aún y cuando hace la más lánguida tormenta. El sudor quemó mi frente, mientras que en silencio me quejaba, a falta de aire y humedad propia mi boca. Pero antes de contarte la pesadilla que a plena madrugada me agobió, Margarita, debo recalcar que en cada uno de mis sueños apareces.
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A veces desconozco las escenas de la vida que llevo desde niño, no me causan bienestar alguno, pues son contrarias a las que con tanto anhelo y devoción imaginaba. ¿Cómo impedir los planes del destino, cuando, indiferentes, sin lealtad a mis pensamientos, esbozan lo que mejor suponen para mí? Acepto de buena fe lo que me pasa, ¿pero no sería yo quien mejor condujera mi camino? ¿No sería yo quien pretendiera los momentos que serían, sin duda, de mayor provecho para vivir mi vida?
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Mis sueños son el único lugar donde vivo a mi manera. En ellos me dispongo a un sino hecho de fragmentos inusuales, que hacen que me entregue a mis acciones colmado de voluntad, pasión y dicha. Son, para mí, reconfortantes. ¿Has ideado, Margarita, un destino que se erija de acuerdo con tu carácter? ¡No te parece placentero y, también, divino! Vivamos, pues, lo que mejor convenga.
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Mi pesadilla está en este soneto:

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Corría en madrugada a gusto un sueño
que tiene voluntad quizá de amarte,
a plena sombra y luz, con todo el arte
que pongo en mi destino que diseño…
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Corría a toda fuerza con empeño,
en cada esquina o, bien, en cada parte,
a fin de perseguirte, y de alcanzarte,
con esta llama de ardoroso leño…
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Pero en mis manos- ¡infeliz de mí!-
un corazón yacía tan deshecho,
que daba pena en vez de frenesí…
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Se iba, como humo, lejos para el techo.
Sin razón, sin palabra, estuve así:
muy pálido y sombrío e insatisfecho.
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Sí, de acuerdo, mal hago al predisponer a mi antojo el romance de amor que desearía tener contigo. Pero mi alma, de esta manera, dicta mis convicciones más profundas, que revelan parte de la intimidad que me doblega a ser tal y como soy en mi persona. ¡Cuéntame tus sueños, Margarita, por los que, en verdad, yo pueda conocerte!
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¿Cómo he de alcanzar mis deseos a mi antojo, si cuando los pido, no se cumplen? Es cierto, porque aparecen a menudo las lágrimas que, comprimidas, habitan en mis ojos. Mis penas, mis congojas, mis descontentos se incrementan, mientras sueño idilios amorosos siempre a disposición de una esperanza engañosa. El destino me lleva fielmente la contraria…
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Posdata.
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¡Mejor pedir lo que más no quiero, porque pidiendo lo que quiero, menos pasa!…
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Con aspiraciones, Osfelip.

Cartas de osfelip
Cartas de Osfelip a Mariana Margarita

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