CARTA A MARGARITA NÚMERO…

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Cartas de amor y desamor

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CARTA A MARGARITA…

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8 de agosto de 2017

Querida Margarita:
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Han pasado muchos días sin escribirte, que apenas y puedo sumergir la pluma al tintero sin dejar tinta regada en todas partes, y sosteniéndola temblorosamente sobre el papel, mientras ruego que el destino me dicte las palabras correctas para dirigirme otra vez a ti, empiezo esta carta.
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Temo no expresarme bien o ni siquiera mandarte frases agradables. Tal vez supongas, al leerla, que mis manos ya no saben cómo hacerlo o que mi mente yace en un letargo inacabable o, peor aún, que mi inspiración ha caducado y que eres en mi pensamiento un recuerdo borroso a punto de desaparecer. Te suplico que no creas eso, Margarita, porque, aunque no te escriba a menudo, no significa que no pueda o quiera hacerlo, ni mucho menos que por eso he dejado de pensarte. Sentencio que las cosas aprendidas no se olvidan con facilidad, y se vuelven a aprender con toda su perfección después de realizarlas.
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Mis sentimientos, ocultos dentro de mí, han desarrollado no una mengua sino un crecimiento inagotable. Están presentes todo el tiempo en todo lo que toco y veo, en todo lo que escucho y hablo. Compáralos al preso que, después de tantos años sin pisar los suelos de las calles, tiende a recobrar su vida en sus primeros pasos. ¡Mis sentimientos ahora vuelven a regocijarse de alborozo escritos sobre estas amarillentas hojas! ¿Puedes imaginarme inundado de alegría en tan pocas líneas? Quisiera correr a los altavoces más cercanos y gritar todo lo que no te he escrito, expandir en estas hojas mis deseos para que lleguen a ti, y ya contigo, que puedan realizarse. Sólo mi alma, después de haber estado ausente, regresa a ti como el búmeran que vuelve siempre a las manos que lo arrojaron: ¡atrápame, Margarita, para que no escape nunca y mantenme a tu lado!
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Me parece que no te he dicho aún lo que ha pasado en mi vida, lo que hay de nuevo e inesperado, pero no sé ni cómo debo contártelo. Sólo mi mente, enloquecida, me trae ideas tras ideas, y no puedo asentarlas, y aunque pretendo ir despacio al tratar cada situación, no consigo tranquilizarme; tengo bastante energía con la cual puedo mis pensamientos expresarte durante una eternidad. Si pudieras palpar mi pecho, latiendo tan fuerte, deducirías que no bastarían mil frenos para detenerlo e inmovilizarlo. Desde el fondo, el amor me quema de pies a cabeza.
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Yo me he ido, Margarita, pero… ¿cuándo tú, también, has de retornar a esta ciudad? Ya estoy libre de mis deberes, y únicamente cuento los segundos, los minutos y las horas para estar, de nuevo, rodeado de tu presencia, y perderme en la locura de hablarte sin parar cosas que al parecer carecen de sentido, pero que, a pesar de todo, conservan una esencia inocente y agradable que nos deja riendo a carcajadas. Recuerda conmigo, Margarita, aquellos momentos y ríe, acompaña estos sonidos que se asoman de mi boca, acompaña a este pobre enamorado que, gracias a ti, sigue siendo el más enamorado.
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…Yo comprendo, mas no del todo acepto que el mundo en la actualidad se incline ante una felicidad hostil, aparente, hecho fácil a causa del dinero. Por ti yo he de ser más rico y dichoso todavía, más que el propio millonario que, aún y teniéndolo todo, carece de sentimientos, y ya nada lo satisface: ni sus oros, ni sus joyas, ni sus billetes han de conmoverlo. Tan sólo el amor podría, acaso, aun siendo duro como la obsidiana, apaciguarlo.
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Sólo espero, en fin, que sepas que te amo. Mal emplearía estas palabras si lo que digo no fuera cierto, porque, aun la boca mentirosa, ha de tener un sustento fiel y verdadero. Margarita, recuerda que un silencio puede o no puede significar tanto augurios como pensamientos buenos, y, en este caso, sólo fue un descanso involuntario mas prudente, que sólo la muerte podrá, con su manta funeraria, prolongarlo si así lo quiere… ¡No hay que dejar que nuestro amor lo permita!

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Posdata:
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Quizá te parezcan tartamudas mis palabras y, aunado a esto, ilegibles, razón por la cual deduzcas que he cambiado, que muchos borrones revelan mi falta de lucidez, percepción, astucia; sin embargo, debes comprender que, a pesar de todo, he vuelto a escribirte, y ahora estoy otra vez aquí, contigo.
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Apenas me queda esperar de ti una respuesta si aún, extrañada por mi regreso, consientes por primera vez corresponderme. Perdona si me expreso de forma decadente como no solía, pero prometo que en mi próxima carta seré el mismo de antes, y aún mejor, el mismo que ahora ha regresado a escribirte con más voluntad y fuerza.

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Con amor,
Osfelip.

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Cartas de amor, Cartas de amor y desamor

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